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LIBRE OPINION DEL ESCRITOR EDISON MARULANDA.: La Revolución de las Mochilas

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La revolución de las mochilas *.- Edison Marulanda Peña.- Algo empieza a cambiar en Colombia. La calle y la plaza, las redes sociales y los titulares de los medios durante un mes han estado ocupados por la juventud  con ideas y mochilas llenas de libertad y de coraje. Incluso de un aire de rebeldía activa por un propósito claro: ser tomados en serio por el Gobierno nacional y exigirle garantías reales para el derecho a la educación pública.

El proyecto de ley 112 para ‹‹organizar›› el Sistema de Educación Superior y regular la prestación del servicio público de la educación, que reformaría la Ley 30 de 1992, fue rechazado con argumentos por estudiantes y profesores. También por algunos rectores de la agremiación ASCUN a través de su presidente José Fernando Isaza,  rector de la Universidad Tadeo Lozano. Rechazo sostenido desde la primera hasta la última versión radicada en la Cámara de Representantes. Porque resultó improvisado e incapaz de generar confianza en cambiar el sistema que opera desde hace 19 años, no garantizaba la sostenibilidad de recursos económicos suficientes para ampliar la cobertura y mejorar la calidad, al tiempo que lesionaba la autonomía universitaria.
Lo que puede llamar la atención de los analistas son tres aspectos: uno, que hace 3 años la protesta social fue encarnada por los indígenas con sus mingas desde el sur hacia el centro del país con demandas de tierras, y atrajeron la atención internacional sobre las mentiras de un régimen represivo (recordar imágenes de CNN). En cambio hoy  la protesta tiene a jóvenes universitarios coordinados por la Mesa Ampliada Nacional de Estudiantes, Mane. Y se observa que los conductores ya no son los predecibles sindicalistas, ¿hay relevo generacional y nuevos sujetos políticos? Dos, que está mostrando ser fuerte por su organización, impactante por la imaginación para comunicar sus reclamos apelando a expresiones del arte contemporáneo y nutridas marchas. Ante la novedad de su forma de lucha por un derecho social como es la educación, los medios masivos tuvieron que limitar sus prejuicios y la jerga reduccionista en los cubrimientos de orden público, porque al parecer los universitarios asumieron principios de la filosofía de la no violencia de Gandhi –su espíritu pacifista subyace aunque nadie lo haya citado–, desmitificando así las formas violentas del pasado como expresión del malestar social. Por esto su contacto con la Fuerza Pública sorprendió por el estilo innovador de mostrar acciones que, lejos de buscar la confrontación en las calles y plaza, invalidaron el tipo de respuesta habitual de los uniformados. Los “desarmaron” con abrazos, bombas de pintura, frases seductoras, canciones… Por supuesto que hubo excepciones. Y un tercer punto, fue la determinación de durar indefinidamente en paro nacional, que por conciencia o entusiasmo empezó a contagiar de solidaridad a otros ciudadanos.
Nadie podría desconocer la influencia del movimiento global de Los indignados de España, EE. UU., el paro prolongado de los estudiantes chilenos y las acciones libertarias o heroicas de los jóvenes en países de África dominados por gobiernos despóticos. Todo esto ha servido de paradigma adaptado a nuestro contexto, contra los actos unilaterales de los gobernantes y las lógicas del capitalismo que cíclicamente hacen crisis devastadoras de la economía.
El Gobierno de Juan Manuel Santos, que ha tenido una de sus debilidades en la ministra de Educación María Fernanda Campo –proveniente del sector privado y sin conocimiento del complejo asunto de su cartera–, ante la presión eficaz del movimiento estudiantil decidió retirar del Congreso la iniciativa de reforma.   
Este movimiento imprevisto es algo que no ocurría desde los años 70 en Colombia. Cuando la utopía movía montañas, las melenas al viento y el amor libre rechazaban el atavismo, la música expresaba el espíritu de época y en las discusiones se daba cuenta de la pasión y la inteligencia, aunque escaseaba la tolerancia. Sin embargo sería equivocado señalar como perdedor de este pulso al Gobierno. Una mirada desapasionada puede mostrar que es un mensaje positivo de los gobernados para mover debates serios y futuros acuerdos que nos lleven a diseñar el país del posconflicto. Y que debe reflejarse en el presupuesto nacional para el gasto social.

Última actualización el Jueves, 24 de Noviembre de 2011 21:46
Escrito por Otoniel
Lunes, 21 de Noviembre de 2011 22:29

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