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Crónicas Callejeras de OPAR

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MEDELLIN.- Por, Otoniel Parra Arias. -- Noviembre de 2011.- El Viernes 28 de octubre de este año a las 3 de la tarde aproximadamente, en inmediaciones del Parque Berrío, justo bajo el elevado del Metro hubo un duelo a cuchillo de ribetes cinematográficos, mediante el cual dos individuos habían decidido finiquitar sus problemas  puñal en mano  como en los mejores tangos malevos.

Cada uno hizo gala de su “arma blanca” como dicen en los juzgados y muy pronto  estaban enzarzados en una serie de lances de cero ficción teatral y sí mucho de realidad violenta que  a pesar de la cotidianidad de este tipo de escenas, según un comerciante del sector, pareció congelar el tiempo y los gritos y cuchicheos de los curiosos  que a duras penas lograban  abrir campo en abigarrado círculo para ver  ese juego funambulesco  con la vida como apuesta.
Lo cierto es que uno de los duelistas logró herir a su contrincante a la altura del brazo izquierdo y muy pronto “la colorada” como llaman al vital líquido  en términos del bajo fondo, brotó como siempre en forma escandalosa. Los intentos por herirse mutuamente continuaron entre los furiosos peleadores en medio de jadeos,  sin proferir palabra, aupadas sus intenciones en mensajes codificados por   miradas inexpresivas  y saltos gimnásticos en consumo exagerado de adrenalina.
Fue un combate corto sin amonestaciones al juego sucio; sin  descansos programados y ni mucho menos saltos a la fama desde un cuadrilátero reglamentario, hasta que quizás el más cobarde o cuerdo, -opiniones disímiles al respecto-, decidió dar un brusco giro al evento trágico que parecía concluiría a favor de la Parca tomando las de Villadiego en veloz carrera seguido de su contraparte que reclamaba inútilmente aplicara el freno a su huida.
Al final la persecución contra reloj se abortó con la  aparición del largo brazo de la ley, como en las películas gringas,  simbolizado en tres jóvenes patrulleros que estaban por el sector y que luego de muchos alegatos buscaron que inicialmente  el más herido se subiera con uno de ellos a un taxi rumbo a primero auxilios.
La gente alrededor, en retorno  emocional  a las incongruencias citadinas de su modus vivendi, no cesaba de gritar y había exteriorizaciones destempladas de malestar por el final imprevisto, sin importar que el mismo hubiera significado un resultado trágico digno de alumbrar titulares de crónica roja.
El globo del morbo colectivo  se fue desinflando y  en segundos cada quien volvió a lo suyo en esa lucha por el rebusque de hombres y mujeres sin sueldo fijo  urgidos de llevar algo a la casa; un predicador evangélico volvió a prender el megáfono para implorar la piedad divina ante el impostergable fin del mundo; una chica atractiva continuó repartiendo tarjeticas multicolores para reclamar el voto popular para una sonriente candidata al Concejo que argumentaba presentarse sin padrinos al juicio popular y quien como podría esperarse no llegó a la final. Y de nuevo hasta el aroma populachero de ventas de andén entre chorizos, arepas y empanadas y las novedades recreativas marca _Taiwan  para diciembre volvieron  a captar la atención de los viandantes. Arriba el tren tutelar continuaba pasando airoso, metódico y cumplido muy lejos del mundanal ruido y las afugias de quienes a veces se juegan la vida por una mala mirada o la interpretación torcida de un comentario baladí. El vendedor de música pirata volvió a darle el “on” a su aparato promotor de sonidos y “Yira Yira” en la voz de Angel Vargas repitió por enésima vez sus  cadencias lunfardas sobre la lucha para lograr la subsistencia diaria sin ningún apoyo: “cuando rajés los tamangos, buscando ese mango que te haga morfar, verás que todo es mentira verás que nada es verdad”.

Última actualización el Miércoles, 09 de Noviembre de 2011 03:44
Escrito por Otoniel
Lunes, 07 de Noviembre de 2011 19:37

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