DIVAGACIONES HISTORICAS EN TORNO AL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA

Por.: Otoniel Parra Arias.- En menos de un mes en América latina y España se conmemora el Día de la raza. Propiamente el 12 de octubre en remembranza a la misma fecha de 1492 cuando llegó Colón a estas tierras desconocidas que confundiría con las costas de Catay o Cipango (China o Japón).
Confusión que se extendería hasta la misma India y por ello la denominación a los naturales de estas tierras como “indios”, término que ha hecho carrera hasta nuestros días. En cuanto a los conceptos de Descubrimiento y Conquista también las formas de pensar cambiaron por las implicaciones negativas que esas epopeyas tuvieron sobre los naturales de lo que por muchos años también se lconoció como Indias Occidentales.
En España, pasada la fiebre de la gesta de Colón y sus herederos, que fueran tremendo dolor de cabeza para la corona por sus exageradas exigencias, nuevas propuestas buscaron mejores significados a esta aventura en el nuevo mundo, devolviendo el énfasis a la necesidad inicial de encontrar nuevas fuentes de ingresos para una economía siempre en crisis. De ahí nacería la creación de la Casa de la Contratación que duró mucho tiempo en Sevilla, al borde del Guadalquivir, convertida en auténtica embajada y versión temprana de una oficina de asuntos exteriores.
Luego Felipe II, a mediados del siglo XVI, muy molesto con la mala fama creciente de la incursión con visos militares que había acrecentado con exagerada intención, Fray Bartolomé de Las Casas, ordenó que se cambiara el término de “conquistadores” por el de “pobladores”, buscando un acercamiento más civil y amistoso hacia la que ya querían llamar Nueva España, lo que no logró mermar el encono que ya se gestaba en los habitantes naturales y mestizos de estos territorios.
Con el correr de los años los investigadores históricos y los estudiosos del tema han dado más luz a esos acontecimientos que tuvieron origen en el reino castellano, no necesariamente con una impronta caballeresca y soñadora y sí con muchos ingredientes muy relacionados con afugias económicas de la corona castellana bastante endeudada por asuntos complejos como la guerra contra los moros y las compensaciones territoriales a la nobleza.
Sobre la aventura de Cristóbal Colón se han tejido muchas leyendas y no siempre a su favor, pues el almirante mucho antes, en sus andanzas mercenarias al pairo de las costas africanas e inglesas movilizando esclavos motivó bastantes dificultades por la característica misma de su actividad mercenaria.
Este personaje generaría con su impactante acción varias versiones respecto a un supuesto origen judío que tuvo oculto en su estadía y tratos con la realeza en la península para evitarse serios inconvenientes que hubieran puesto incluso en peligro su misma existencia. Otros dicen que don Cristóbal era español y no italiano e incluso con mucho énfasis, oriundo de la costa catalana. Incluso por muchos años tomó fuerza la versión de un tal Alonso Sánchez de Huelva a quien adjudican la llegada primigenia con sus naves a las en ese entonces tierras desconocidas de occidente.
Lo cierto es que aparte de esas versiones sobre su lugar de nacimiento, es pertinente calcular en gracia a la ley de las probabilidades que hubiera sido de estas tierras americanas si al Cristóbal Colón, andrajoso y empobrecido que buscaba afanosamente una ventanita de credibilidad ante las testas coronadas de Europa le hubiera parado bolas un rey como Luis XI de Francia, su aliado don Alfonso de Portugal o en últimas el mismo Enrique VII de Inglaterra.
Quizás otras vertientes culturales, lingüísticas y étnicas marcarían la impronta de gran parte de América Latina a veces censurada por el tropicalismo propio de la herencia española.
Lo cierto del caso es que ninguno de esos reyes creyó el cuento como era de preveerse, talvez porque pocos dan credibilidad a quien no muestre un barniz así sea elemental de seriedad y cierta distinción en la sociedad en la que se desempeña.
Además esos monarcas estaban cada uno en lo suyo; los franceses preocupados con las insidias de la “pérfida Albión”, reina de los mares y en cuanto al rey luso, aunque con mayor conocimiento sobre el inasible problema de superar los peligros del “mare nostrum”, demasiado soberbio y por el contrario dispuesto a meter en problemas, como en efecto lo hizo, al pobre soñador por su atrevimiento de venir con cuentos tan reforzados.
Y es que el problema con don Alfonso tenía unas implicaciones más personales y curiosas, pues era un hombre preparado en cuestiones de geografía y náutica , con una armada experta en los ajetreos con la cercana Africa y siempre en contacto con estudiosos de otras latitudes.
Cuando Colón logró una audiencia y le comentó entusiasmado de su deseo de comandar una armada hacia occidente buscando puertos en las búsqueda de las famosas especias, suponía él de China, India o Japón, se apoyaba en documentos antiguos como los relatos de Marco Polo y Ptolomeo y de un mapa diseñado años antes por el médico italiano Pablo dal Pozzo Toscanelly quien estaba convencido de una vía más corta para llegar a las Indias sin necesidad de rodear el continente africano.
Lo que Colón no tenía porque saber es que este galeno hacía tiempo había enviado una carta a Lisboa en la que se refería en iguales términos a este asunto etiquetado como proyecto secreto; cuando el rey Alfonso comprendió que tan valioso conocimiento había caído en manos de un simple y plebeyo desconocido, sintió herida su vanidad y sin más fórmula de juicio envió a Colón durante varias semanas a una mazmorra donde casi pierde la vida.
Solo cuando logró salir de esta prisión y luego de recorrer a pie la costa hasta tocar las puertas del Convento de la Rábida en la costa andaluza española pudo el vapuleado y hambriento hombre de mar encontrar fuerzas y apoyo para una propuesta que consideraba ya perdida.
En fín que la buena suerte al fin habría de echarle una mano, pues se encontró en ese lejano lugar nada menos que al confesor de la reina y a la vez experto en esos temas densos de astronomía y geografía. Luego con su apoyo serían muchos meses tratando de convencer a los reyes, especialmente a la reina Isabel de las ventajas de esta aventura para un reino con grandes dificultades.
Sin embargo el plan casi se arruina cuando una comisión de sabios universitarios a la que encargó la reina Isabel el estudio de estas propuestas calificó las mismas como faltas de lógica y factibilidad en su realización práctica. (quizás fue el génesis de las famosas juntas directivas en las que los mandatarios de todas las pelambres se escudan para aplicar el rigor mortis a proyectos que no les generan mucha confianza). Ahí fue donde a Colón, que ya al menos vestía de teriopelo por órden de la misma reina para que se presentara decentemente ataviado a sus compromisos con la corte, se le saltó la piedra y tomó camino hacia el puerto para buscar con su hermano Bartolomé a los ingleses como factibles protectores. Afortunadamente las cosas se arreglaron por instancias del padrecito y su alta consejería espiritual y a la postre lo del viaje se dio con grandes dificultades de reclutamiento en cárceles de las Canarias y algunos navíos que estaban bajo custodia de la corona en esos puertos luego de algunas diferencias extraterritoriales de alta mar.
Así el día de la raza, al menos el que desde principios del siglo XX se celebró con gran pompa en Iberoamérica por muy poco no tuvo énfasis y acento portugués o francés, al menos por estos lados y sí muy español, ahora compartido en la misma España por los “conquistadores” inmigrantes latinos que devolvemos en graciosa compensación el favorcito del descubrimiento.
Última actualización el Jueves, 22 de Septiembre de 2011 04:26
Escrito por Otoniel
Martes, 20 de Septiembre de 2011 12:00






