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HISTORIA.: LOS CARNAVALES DE PEREIRA

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Por.: Otoniel Parra Arias (eldiario.com.co).- Julio 4 de 2011.-(IMAGEN.: Facsímil de una página libro Pereira Tomo II del maestro Hugo Angel Jaramillo, sobre los Carnavales de la ciudad). Desde finales del siglo XIX mucho antes de las fiestas aniversarias de Pereira  que todos conocemos,  se celebraban hasta dos eventos al año denominados Carnavales que sirvieron en su momento para dar a conocer a la población ante el resto de Colombia.- El cronista Ricardo Sánchez, en su libro “Pereira”, citado en la edición especial del periódico El Imparcial del 30 de agosto de 1954, recordaba cómo el Honorable Concejo Municipal disponía por Acuerdo Nº 20 de agosto 6 de 1894,  dos festividades anuales para el Distrito de Pereira, a celebrarse del 20 al 30 de junio, la primera,  y del 20 al 31 de diciembre la segunda, las cuales no tuvieron mayor receptividad a pesar de la intensa promoción  hecha desde la Alcaldía.
Expidieron entonces otro acuerdo modificativo buscando capturar la atención de propios y extraños, propiamente para  las fechas comprendidas entre el  20 al 27 de febrero  y del 20 al 27 de agosto, aunque al parecer con discreta aceptación.
Es bueno recordar que en esa oportunidad, la presidencia del cabildo estaba a cargo de don Valeriano Marulanda y la  junta directiva de las  fiestas integrada por los señores, Valentín Deaza, Valeriano Marulanda y Manuel Mejía Santamaría.
Años después, quizás aprovechando las experiencias pasadas, se celebraría una sola versión del 18 al 21 de diciembre de 1927, bajo la batuta de otros caballeros también de honda raigambre cívica como Ricardo Escobar Lince, Gregorio Mejía, Pedro Piedrahíta

 y Antonio Gómez Villegas.
Estos eventos, tenían su parte comercial de intercambio de animales y productos, traídos desde diversos lugares del país, incluso del exterior a la par de las fiestas propiamente dichas  a las que llegaban comerciantes con el ánimo de involucrarse en tratos de negocios a la vez de aprovechar las tenidas  fiesteras que según dicen, eran de alquilar balcón.
Uno de los rubros principales lo constituía la compraventa de ganado vacuno y porcino, traído desde la costa y de los valles del Patía y el Cauca a la par de mulas, ideales para las grandes trochas en un país agrario todavía pobre en vías de comunicación terrestre.



El  historiador  Fernando Uribe Uribe, en su libro, Historia de una ciudad: Pereira, narra que  eran muy esperadas las carreras de caballos  en jamelgos criollos de  los utilizados en el ajetreo diario rural, quizás sin mucho pedigree  pero sí con buena resistencia forjada en los difíciles caminos aledaños al entorno urbano.
Las apuestas corrían con proverbial generosidad bajo la consigna sagrada de la palabra de hombre, (término casi en desuso) sin más avales escritos, a la par de rociadas permanentes de aguardiente amarillo y el son serenatero y trovador que nació con el primer vocablo que se pronunció por estos pagos.
Hugo Ángel Jaramillo, historiador de la reciente época local,  anotaba en su libro Pereira,  cómo la cercanía de los Carnavales ponía en movimiento a toda la ciudadanía sin distingo de clases para mejorar el frente de sus casas y asear las calles con el fin de dar la mejor imagen ante los esperados visitantes.
Según nuestros investigadores del pasado, estos carnavales llegaron a ser  calificados en algunos círculos como tácitas aperturas  a toda clase de amenazas satánicas y heréticas, que entre otros males arrastraban a  las mujeres a sendas de  perdición, lo que a la postre caló en el imaginario de la hipocresía nacional hasta nuestros días.

Última actualización el Martes, 09 de Agosto de 2011 03:16
Escrito por Otoniel
Viernes, 05 de Agosto de 2011 06:39

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