HISTORIA.: AVENTURAS Y DESVENTURAS DE LOS JUDIOS A TRAVES DE LAS EPOCAS

Breve ensayo por Otoniel Parra Arias. Octubre de 2011
(imagen: obraarte.com) El pueblo judío con más de 3.000 años de existencia se conoce en los anales de la literatura sagrada y la historia como uno de los grupos humanos que más fuerte ha tenido que enfrentar a sus enemigos para mantener su supervivencia sobre la faz de la tierra.
Y es que desde los antiquísimos pasajes del Génesis en el Antiguo Testamento cristiano hasta nuestros días parece signado a mantener en eterna confrontación con sus vecinos teniendo que ratificar día a día su existencia, quizás con mayor ahínco que otros pueblos y etnias.
En este breve ensayo queremos hacer un somero recorrido somero por los vericuetos de la multitud de acechanzas contra los judíos que figuran en la historia universal, que entrañan destierros, matanzas y torturas enmarcadas en eventos trágicos relativamente recientes como el Holocausto nazi.
HITLER EL ENEMIGO NUMERO UNO SURGIDO EN LA PRIMERA PARTE DEL SIGLO XX
En efecto, refiriéndonos a los últimos desastres humanos que han atacado a ese pueblo, tenemos que remitirnos a la segunda guerra mundial y el muy conocido holocausto nazi que mató a 6 millones de judíos.
Y es que muy pocos se imaginaban en los años subsiguientes a la primera guerra mundial que un personaje anodino con muchas falencias personales de su modus vivendi y perfil sicológico, según los analistas históricos, llegaría a convertirse en su Armagedón dispuesto con base en un odio ciego alimentado desde su más temprana juventud a eliminar a millones de personas como en efecto lo hizo.
El mundo estaba como siempre, aunque no con tanto testigo indiscreto a nivel electrónico como ahora y a Dios Gracias, en paliar de la mejor forma los estragos causados por la terrible I Guerra Mundial que había pasado de las confrontaciones tradicionales con cierto velo mítico romántico de toque caballeresco a un verdadero infierno donde gases mortales destruían a miles de soldados en fétidas trincheras.
Norte América vivía una época, sinó bucólica, sí de gran emprendimiento apoyado en el esfuerzo de gentes dispuestas a sacar del armario al sueño americano mediante invenciones y un espíritu de comercio casi imparable con fuerte impacto en las artes y medios como el naciente cine, la radio y los rudimentos de la TV; todo ello a pesar de una persecución afiebrada y enfermiza contra cualquier forma de pensamiento liberal que pudiera parecerse medianamente al “enemigo comunista” que se había cimentado al otro día de haber concluido la primera conflagración del siglo XX.
Latinoamérica, si bien se desarrollaba dentro de patrones de crecimiento lentos con fuerte impacto del sector agrario y con mucho atraso, a pesar de los embriones de dictaduras que ya se anunciaban para el cono sur continental, podía considerarse de cierta manera como un paraíso en el que todo podía ser posible. Al menos así lo apreciaban como siempre más que los anfitriones, los visitantes de otros continentes y los mismos nazis que pusieron sus ojos especialmente hacia la tierra del fuego para un plan B de escapatoria si perdían, y que según algunos autores investigadores al final llegó a concretarse.
En Rusia igualmente daba comienzo una terrible era más allá de un “telón de acero”, tras el cual supuestamente se ocultaban los esplendores del comunismo y el colectivismo llevados a su máxima expresión según la propaganda que el Kremlin desgranaba hacia los cuatro puntos cardinales; serían los efectos de la guerra fría muchas décadas después los que desnudarían la realidad de esa revolución desmitificando una serie de incoherencias sociales, de convivencia y producción que los altos mandos siempre había mantenido ocultos.
En el extremo oriental, China se preparaba para adoptar un comunismo más cerrado y metódico que si bien sufría de iguales dolemas conservaba un funcionamiento estricto y mecánico que admitía escasísimos “descarrilamientos” en la forma de pensar colectiva pero con dolorosas y secretas consecuencias.
Y en Europa que había sido escenario de esa gran confrontación mundial que se inició o se concretó con el atentado y la muerte del archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo (28 de junio 1914), las cosas iban de mal en peor.
Había en términos generales, especialmente en Alemania cierto malestar entre dirigentes y ciudadanos del común respecto a la actitud de los Estados Unidos y los líderes de las naciones de la Europa Occidental que trataban de impulsar planes de ayuda para la recuperación de la región devastada por la guerra, con programas como el Tratado de París de 1919, más conocido como de Versalles que en su ínterin albergaba ciertos cánones de venganza contra Alemania.
Precisamente esa fue una de las primeras cartas de triunfo que escogió Hitler, siendo muy joven y todavía indocumentado, pues no era alemán, para airearle en cafetines y corrillos de la Baviera al sureste del país con su punto focal importantísimo de Múnich, contra los líderes del momento a quienes trató de anticuados y sumisos ante los nuevos grandes que empezaban a mandar en Europa.
Esa carta y la del antisemitismo, al principio solamente como elemento de conversación entre comensales de comedores populares y luego ante miles de entusiastas parados que esperaban solución a problemas rampantes de trabajo y comida, lograron obviamente resultados y vítores que fueron aumentando hasta causar una sordina imparable a lo largo y ancho del país teutón.
Fue entonces luego de 1932, cuando Adolfo Hitler como nuevo canciller, que menospreciaba a su teórico superior el presidente Paul Von Hindenburg, quien abandonó los discursos encendidos y las pataletas sobre las mesas en bares de mala muerte para tomar cartas en un asunto, que para él y luego de sus ad-láteres, tenía ya un nombre que sería tristemente famoso: la solución final.
De tal forma que luego de establecido su gobierno sustentado en las peleas callejeras de sus fieles seguidores ya debidamente uniformados y sus palizas a veces mortales, Goebbels, su acucioso ministro de Propaganda, organizó el primer “pogrom” (una turba secretamente organizada destinada a suministrar palizas y otros atentados contra partidos enemigos) focalizado hacia los prósperos comercios e individuos judíos y aupado por el periódico del partido el “Völkischer Beovacter” (El Observador) del partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes
-NSDAP- y de consecuencias mortales para los dirigentes comunistas o de otras vertientes que signifacaran algún peligro así fuera dialéctico para el futuro del nazismo.
Hitler siempre manifestaba que ese tipo de actos eran perpetrados por vagabundos y ladrones vulgares y que acabaría con el problema.
Mientras esto sucedía en Alemania puertas adentro, la imagen del fúhrer a nivel internacional a principios de la década del 30, aumentaba y sus declaraciones eran incluso comentadas por algunos “fans” que le habían surgido al otro lado del Atlántico en Estados Unidos, como el famoso piloto Charles Lindberg quien se habría de oponer abiertamente a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra y el rey Eduardo VIII que había abdicado para casarse con la plebeya Wallys Simpson y de quien fueron públicas sus simpatías por la causa nazi.
La fijación que la alta tasa de residentes judíos en Viena había dejado en su tortuosa mente, luego de los tormentosos años de pobreza y marginamiento tratando de sobresalir como artista pictórico quedó grabada funestamente para la humanidad al cumplírsele los juramentos de destrucción para millones de seres mediante el inmenso poder que el pueblo alemán le entregó a ojos cerrados, incluso con cierto desdén e irreponsabilidad del resto del mundo.
Del holocausto judío posterior son muchos los testimonios y constancias que jamás desaparecerán a pesar del resurgimiento desde las cenizas de los neo nazi juveniles que azotan a varios países de la actual Europa de Estados Unidos y Latinoámerica. De cómo surge un líder de connotaciones mega destructivas se continuará especulando en los diversos escenarios del pensamiento global, aunque aprendida la lección de cierta forma muchos viven pendientes del reverdecer de los denominados nacionalismos a ultranza que ya se sienten en países como España con significaciones de verdad preocupantes.
MUCHO ANTES DEL HOLOCAUSTO NAZI, UNA MIRADA A LA HISTORIA DEL PUEBLO JUDIO
Los primero judíos llegaron a España, mejor dicho a Hispania en las naves deL rey Salomón cuando eran enviadas a Tarsis, propiamente a Tartessos del Guadalquivir, para los trámites comerciales que en esas viejas calendas del Antiguo Testamento cristiano eran numerosos: “Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con la flota de Hirám. Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales. I Reyes 10.22” (Nos imaginamos en cuanto al marfil y los monos pertenecían a alguna escala en el norte de Africa al frente de la costa andaluza).
Hispania era la punta del mundo conocido y luego una de las partes del imperio romano más apetecidas por su clima y riqueza natural, para tener allí sus grandes posesiones de veraneo como lo hacen en los tiempos actuales en la costa del sol muchos adinerados y poderosos.
Se recuerda que en los textos sagrados se habla de los incidentes de Jonás quien había sido enviado por Jehová a predicar a Nínive, pueblo que no era de sus apetencias políticas y prefirió embarcarse hacia Tarsis en la costa mediterránea de la actual España. Igualmente San Pablo manifestaba su interés por visitar esas tierras. Estos testimonios aparte del respaldo de la historia sagrada cristiana cuentan con el aval del padre de la historiografía occidental, Heródoto de Alicarnaso. Igualmente en el mismo Antiguo Testamento en Isaías 60.9, se menciona que “ciertamente a mí esperarán los de la costa, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Jehová tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado”.
Igualmente monedas encontradas en excavaciones atestiguan que en el año 70 A.C., muchos judíos tomaron hacia esos rumbos luego de la primera destrucción de Jerusalén por Tito, para evitarse problemas en lo que constituyó una primigenia gran diáspora hebrea por el Mediterráneo.
Lo cierto es que la huella de los hijos de Israel que se aventuraron por esas costas hispánicas se entrelaza con la historia de los fenicios los poderosos comerciantes, amos de los mares hacia los primeros años del siglo VI A.C.
Se habla de los primeros asentamientos judíos en la costa mediterránea española según restos arqueológicos en el siglo II D:C., y su progreso en los años siguientes hasta tal punto que en el siglo IV, en el Concilio de Elbira, Granada, se dictan varios cánones o disposiciones contra ellos, por empezar ya temprano la molestia entre la iglesia cristiana o católica y la comunidad judía.
Pero ya en el siglo II D.C., también, con la conversión de Recaredo, y su abjuración del arrianismo en el Concilio de Toledo; luego Sisebuto rey de los visigodos en 612, pone como condición a los judíos de bautizarse o ser expulsados de su reino.
Había cierto respeto de todas maneras respecto a los judíos españoles que lucían gran nivel cultural y declaraban su descendencia de la tríbu de Judá., desterrados a España luego de la primera destrucción del templo de Jerusalén.
La persecución llega a los extremos de prohibir el matrimonio entre cristianos y judíos so pena de severas sanciones y destierros. En el 694 los visigodos propician una gran matanza debido a serias acusaciones políticas contra esta facción.
A la llegada de los musulmanes mediante la invasión desde las tierras del sur los judíos encuentran un respiro al ser aceptados por los árabes que ven en ellos gran utilidad para sus movimientos financieros y otros del comercio. Quizás por ello, dicen algunos historiadores la reina Isabel la Católica se apresuró a echarlos nuevamente de España a pesar de que estaban tan entronizados en la cultura y los manejos financieros del reino por desconfianza en relación con su pasado.
Muchos judíos progresaron en honores, posesiones y dinero en los reinados de los califas Abd – Rahman III, en Córdoba en lo que los relatos califican como la edad de oro de los judíos españoles.
El judío más importante en estos tiempos es Hasday Ibn Shaprut, médico personal y ministro del califa.
Luego de terminados los califatos se entró en el período de las taifas o pequeños reinos que se convirtieron de nuevo en persecución para los oriundos de Israel.
Fueron tiempos que marcaron indeleblemente la cultura sefardí, y la salida de Al – Andalus, en los siglos X y XI.
Reyes como Alfonso XI, aprovecharon las capacidades de muchos jóvenes para incluirlos en sus ejércitos para combatir a los enemigos de Castilla.
A finales del siglo XII el Concilio de Letrán impone una señal macabra que resucitaría muchos siglos después en los ghettos y campos de concentración nazis: una insignia especial en la ropa para distinguirlos de los demás habitantes.
En ese tiempo a raíz de una serie de medidas dictadas desde el Vaticano se presenta una gran matanza.
El famoso rey Alfonso X el sabio también tuvo que ver con el pueblo judío en forma positiva rodeándose de intelectuales y artistas, aunque en los estrados populares la persecución y acoso a las familias continuaba.
En 1313 la iglesia católica o cristiana prohibió que los médicos judíos pudieran atender a cristianos según lo ordenado en el Sínodo de Zamora.
En 1348 cuando llega la peste negra que causaría millones de víctimas a lo largo y ancho de Europa, les echan la culpa de la propagación del mal, sin tener pruebas ni base científica en tales épocas inexistente.
En esta historia de las tragedias recordamos a dos personajes. A Samuel –Ha-Levi, quien fuera tesorero de Pedro I, el cruel y Abraham Senior, el financiero de los reyes católicos, quien era el soporte de los movimientos económicos y que sin embargo no pudo con sus ruegos evitar la orden de destierro proferida por sus patrones.
En 1391 se repiten matanzas terribles en las llamadas juderías de Castilla, Cataluña, Valencia.
En 1476 la Inquisición que había sido solo para torturar a acusados por asuntos civiles entra en vigor para posibles atentados contra la fe cristiana y toman con especial ahinco a judíos, judaizantes y conversos sospechosos de estar contaminando al resto del pueblo.
Fray Tomás de Torquemada lidera hacia 1483 una terrible ofensiva en la que se queman desde libros del santoral judío hasta los mismos individuos luego de inenarrables torturas. Se dice que la vinculación del Tribunal de la Inquisición a estos procesos se hizo a instancias de la reina Isabel ante el Papa temerosa del poder de los judíos conversos sobre los cristianos que aumentaban en razón proporcional a la persecución de la que eran víctimas.
El 31 de marzo de 1492 los reyes católicos firmaron el Edicto de Expulsión, dando un plazo de 4 meses a las familias para abandonar España dejando la mayoría de sus bienes, riquezas y propiedades que luego serían expropiadas y dejadas en manos de secuestres cristianos.
Con esta medida estaba segura la muy católica y ferviente Isabel de asegurar la unidad de España al menos en el delicado aspecto religioso.
LA EXPULSION DE 1492
1492 sería fundamental en la historia de la nueva España unificada que deseaban los reyes católicos.
Ya las cosas estaban claras entre los dos esposos. Fernando sabía muy bien a qué atenerse en cuanto a su jurisdicción y poder. Quedaba claro que Isabel manejaría con mano de hierro la parte interna del reino y con toda su energía organizaría la Santa Hermandad que había sido creada en las cortes de Madrigal en 1476 y que consistía en un grupo de jinetes dispuestos a detener la delincuencia que asolaba a Castilla en caminos y veredas y algunos dicen que fueron los lejanos inicios de la actual Guardia Civil española.
Así mismo tomó el manejo de los asuntos financieros personalmente y la relación con las casas de los nobles que hasta el momento hacía lo que se les venía en gana convertidos cada uno en reyes omnímodos.
Pero las finanzas estaban patas arriba y las deudas de la guerra contra los moros acosaban así como las consecuencias de haber desterrado a los judíos, excelentes guardianes del dinero incluso en el palacio real y poseedores de los grandes comercios, casas de empeño y de acuñación de moneda.
Incluso Isabel se vio obligada a recurrir a unos prestamistas de Valencia para un dinero urgente (pero no fue para financiar el viaje de Colón como dice la vox populi), sino para gastos relacionados con los convenios entre la realeza y la nobleza. Para garantizar el préstamo tuvo que dejar empeñada la corona real en metales preciosos y tachonada de brillantes y de la cual en su lecho de agonizante luego hizo prometer a su hijo Carlos (quien sería el dueño de un imperio donde jamás se ponía el sol) que la rescataría, lo cual hizo el heredero a cabalidad luego de coronado).
Por su parte Fernando quedó encargado de los asuntos de estado a nivel exterior con los demás reinos y a perseguir a cuantas mozas agraciadas o no, conseguía la reina para sus habitaciones privadas.
Fernando lo tomó de la manera más comprensiva aunque protestó un poco al principio; sin embargo ante el público (como ahora) mostraban un talante afable y risueño y firmaban casi al unísono. De tal manera hizo carrera la frasesita famosa de “tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando) en relación con su frenética actividad regente.
Esos eran los finales del siglo XIV que tuvieron muchos otros acontecimientos notables como la llegada de Cristóbal Colón a la corte, sus desacuerdos iniciales y luego el viaje que terminaría en el Descubrimiento de América aunque ni él ni muchos peninsulares llegaran a enterarse convencidos en haber llegado al otro lado del mundo al Catay y Cipango de oriente (China y Japon).
Por eso autores como Felipe Fernández Armesto consideran que en ese año de 1492 empezó verdaderamente la modernidad que dejaría poco a poco y muy atrás los últimos ítems de la edad media y se prolongaría hasta la misma revolución Francesa en el Xiglo XVIII.
Volviendo a los judíos en el libro de este mismo autor se menciona como “no havía christiano que oviese dolor de ellos”, refiriéndose al dolor de los judíos humillados hasta el máximo, violadas sus mujeres, robados de frente por la misma corona española y los funcionarios corruptos que aprovecharon para hacerles firmar contratos leoninos y quitarles los ahorros y tesoros que conservaban.
El primero de mayo se dio publicidad al Edicto y cuentan cronistas como AndrésBernáldez del Castillo que “iban cantando, orando en voz alta, tocando panderos, y golpeando adufes, tratando de alegrarse”.
Había de todo en esas caravanas del dolor en medio del verano español asfixiante: enfermos y ancianos que desfallecían y clamaban a Dios por su misericordia al llegar al borde del inmenso mar y “algunos quisieran no ser nacidos”.
Se ayudaban entre ellos, tratando de defenderse de los ladrones que surgían de todos los vericuetos del camino insultándolos y vejándolos.
Parecía caerles su gran pecado de maldición eterna por haber entregado a Jesús al martirio y crucifixión: que aparece en Mateo 27.25.: “Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos”.
Las crónicas dicen que esa gran congregación de despatriados entre animales de tracción, y multitud de hombres, mujeres, ancianos, lisiados y niños a pie, parecía una nueva versión del Exodo, a la espera de llegar a la orilla de un mar que tantos deseaban se abriera a lado y lado como en el pasado.
El autor dice que Bernáldez testigo de este cruel destierro, odiaba a los judíos por las fetidez de su aliento y el hedor de sus casas y sinagogas y por el uso de aceite de oliva que avivaba estos humores, pues contrario a lo que muchos piensan los españoles utilizaban la manteca par sus cocidos.
Y tanto él como muchos que se lucraban de sus habilidades financieras o artesanales los odiaban por su éxito en los negocios, las buenas casas en las que habitaban y las halacenas siempre repletas que alejaban el hambre; los detestaban muchos también por su ambición desmedida que había mermado sus haciendas con préstamos onerosos casi impagables.
Además no pagaban el diezmo, ni impuestos municipales y elegían libremente a sus propios dirigentes gozando de una cómoda legislación que fue eliminada en 1476.
Sus privilegios les permitía eludir el acoso del Tribunal de la Inquisición que podía acusar sin pruebas y quedarse con los bienes del afectado sin haber sido vencido en uno de sus temidos juicios; la inquisición solo podía tocarlos en los casos de blasfemia o soborno.
Tenían cargos importantes en la burocracia y en las administraciones de las grandes casas nobiliarias y aunque algunos eran realmente pobres, discretamente recibían la protección de los más poderosos para guardar la dignidad.
Pero llegaría como en el pasado y cómo imaginarlo que en el lejano futuro, un momento en el que el término de “judío” sería asimilable a la expresión más baja y vil del lenguaje cotidiano. En fin que eran aunque trataran de evitarlo, una minoría notoria que suscitaba odios y envidias que ahora eran cobradas a destajo.
LA FAMOSA VISTA DE AVILA EL NIÑO CRUCIFICADO Y TORTURADO POR LOS JUDIOS
Para enardecer más los ánimos en contra del pueblo judío, del rumor sin base ni sustento se tejió una macabra y sobrecogedora leyenda.
Fue la famosa vista de avila de 1491, en el caso del Santo Niño de la Guardia, en la cual se condenó a varios judíos y judío-conversos por haber propiciado una parodia del martirio cristiano, crucificando un niño como a Jesús, mofándose además de la sagrada eucaristía al arrancarle el corazón y comérselo.
Nunca se comprobó este delito pero quedó la sospecha y para complacer el grueso del público el tribunal inquisidor mató a uno de los sospechosos a garrotazos y a otro lo destrozaron con tenazas al rojo vivo; luego sus cuerpos fueron quemados para que sus restos no contaminaran la tierra.
Las pruebas fueron deficientes y el tribunal dio la publicidad suficiente para dejar tranquilos a los cristianos. Este fue un argumento más que permitió a los reyes católicos firmar el edicto de expulsión de los judíos del reino de Castilla y de paso para advertir a los libre pensadores que tuvieran la osadía de asomar sus teorías en el marco de la creencia general administrada por los reyes según Bula Papal.
Y es que ese asunto de la lucha de ideologías en el occidente del mundo conocido en esas lejanas épocas y que pasaba de largo por el arrianismo y otras relacionadas con los numerosos dioses griegos y romanos siempre terminaban en el ring de los cristianos de esencia católica y los judíos sefardíes descendientes de Israel.
Por ejemplo Alfonso Fernández Semuel, un converso del siglo XI acusado de pregonar una actitud transgresora que retaba la oficialidad religiosa del momento, pidió al momento de su muerte que lo enterraran con una cruz a los pies, un ejemplar del Corán sobre el pecho, y una Torá de cabecera.
Sin embargo España había tolerado a los judíos más que otros reinos; en Inglaterra los expulsaron hacia 1291; en Francia hacia 1343 y en Alemania a principios del siglo XV.
En las crónicas de los reyes católicos y los libros sobre las memorias medievales del Marqués de la Fuensanta del Valle (Biblioteca Nacional de Madrid/incunables) se comenta entre líneas que los judíos, por su vinculación a la corona de Castilla y su poder en la corte y la nobleza, en principio no creyeron la versión según la cual los iban a expulsar con todo y familias. Tal vez tenían recuerdos descoordinados del antecesor y tío de la reina, Enrique VIII a quien los anales históricos llaman el soberano imbécil por haber tirado la riqueza del reino por la borda en medio de gastos superfluos y orgías de dudosa factura y quien para mantener contentos a los miembros de su corte desde el bufón hasta el más encumbrado caballero no tenía inconveniente en tomar varias decisiones en relación con asuntos de estado.
Las cosas con Isabel eran distintas y así ya lo estaban notando nobles y plebeyos. Ella una mocita recatada y piadosa no temía sino al tribunal de Dios y no estaba dispuesta a ser juguete de nadie. Al menos desde los inicios así lo hizo notar cuando se voló del palacio de su tío para irse secretamente a Toledo donde su familiar el Obispo para que le cambiara la partida de nacimiento y le hiciera parecer de más edad para casarse con Fernando. Obviamente en contra de Enrique “El Cornudo”, (otro apelativo cortesía de sus siervos) que ya le tenía preparado al príncipe de Viana quien y7 luego tendría desgraciado fín.
Aunque las consecuencias fueran terribles. Y lo fueron en cuanto a finanzas! Los judíos fueron desterrados sin agradecerles mayor cosa y se afianzó un gobierno con judíos conversos de más empaque espiritual, dignos de entregarles sonadas responsabilidades, lo justo como para empezar una verdadera unificación del reino.
Los reyes vecinos rieron a mandíbula batiente con esta decisión que ponía en peligro el poder financiero y de contera bélico de España, pero al final la terca Isabel demostró que su interés era espiritual más que material sin mayores consecuencias.
El rey Fernando que tenía tiempo para escribir largas cartas vía diplomática, y que era admirada inspiración nada menos que de Maquiavelo, quien lo consideraba un astuto, frío y calculador, envió una misiva a un importante personaje que estaba muy dolido con la expulsión de sus coterráneos y confundido ante las voces que murmuraban algo sobre ganancias ilegales para los reyes a espaldas del pueblo.
Fernando le dejó claro los altos intereses de esta despiadada gesta: “Tenemos admiración que penséis que queramos tomar para nos los bienes de los judíos, porque es cosa muy apartada de nuestra voluntat… bien queremos que nuestra corte cobre como es razón todo lo que de justicia le perteneciere en los dichos bienes, así por las deudas que nos deven los dichos judíos, como por razón de la pencha y otras rentas reales que tenemos soressa aljama, lo que quedare se debe restituyr a los judíos a cada uno lo suyo para que fagan dello a su voluntat..”.
FUENTES BIBLIOGRAFICAS:
1492, El nacimiento de la modernidad. Felipe Fernández Armesto.
HITLER.- Joachim C. Fest.
Crónica de los Reyes Católicos. Alonso de Santacruz.
La Reina Doña Juana La Loca. Estudio Histórico. 1892.
Historia Eclesiástica de España. De los Orígenes de la Baja Edad Media.
Colección Documentos Inéditos para la Historia de España. Marqués de la Fuensanta del Valle.
Biblioteca Nacional de Madrid. Sección de Incunables.
Este documento tiene Derechos de Autor debidamente registrados.
Octubre 16 de 2011
Última actualización el Martes, 18 de Octubre de 2011 07:31
Escrito por Otoniel
Martes, 18 de Octubre de 2011 04:35






