ALFANOTICIAS.COM.: REFLEJO PERIODISTICO DE COLOMBIA Y EL MUNDO

(c) 2010 eTDS TechnoSys
Banner

LIBRE OPINION DE EDISON MARULANDA PEÑA.: DOS PAISES UNIDOS POR LA MUSICA

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Edison Marulanda Peña
En la final del concurso ‹‹Yo me llamo›› de Caracol Televisión compitieron dos cantantes que desataron el entusiasmo por géneros muy queridos por el pueblo colombiano: la balada romántica con Luis

Eduardo Correa, el imitador de Nino Bravo; el vallenato no decadente con Jorge Martínez Fonseca,  que convenció a la mayoría de su mimetismo de Rafael Orozco. Ambos artistas murieron trágicamente. El español Luis Manuel Ferri Llopis (Nino Bravo) hace 38 años en un accidente de automóvil; el colombiano Rafael José Orozco Maestre –que conformó el Binomio de Oro– víctima de un homicida cuya mano fue guiada por los celos, 19  años atrás. (A veces me he preguntado si las carreras lucrativas de Raphael y Diomedes Díaz, no le deben mucho a la muerte temprana de aquellos artistas).

Este espacio de entretenimiento se constituyó en un fenómeno de masas que merece un poco de análisis. Porque en la final hubo más que dos hombres luchando por un premio atractivo. A través de la ‹‹reencarnación›› de dos estilos famosos, se esforzaban ante los reflectores y los jurados para  obtener el favor del  dios voluble llamado Éxito. ‹‹Si es pintor, violinista, cantante o poeta / es igual todos sienten la misma ilusión...›› dijo Luisito Rey, uno de esos curiosos pensadores de los dramas humanos que se expresó en la balada, jamás en conferencias ni libros ininteligibles.
No obstante la emulación, lo que se pudo percibir la noche del 30 de noviembre fue que compitieron dos países: el de la  alegría, la espontaneidad y la magia del Caribe, contra el país del interior, más introvertido, con ínfulas de autosuficiencia y dado a emplear ciertos modales para refinar la hipocresía social o dejarse permear de cuanta moda cultural surge. Hasta podría decirse que son maneras de relacionarse con la naturaleza, la geografía, con el prójimo y de resolver las necesidades humanas. Resumiendo de manera arbitraria, dos culturas con mayorías.
Sin embargo, ambos países están unidos por una sensibilidad que se ha alimentado de lo sonoro: las músicas diversas, la tradición oral, la radiodifusión que nos brindó una oportunidad de reconocernos entre afinidades y diferencias. Esta última gracias a unas voces que se incorporaron a la vida cotidiana de campesinos y seres urbanos, con un lenguaje esmerado que poco a poco se degradó.
Seguramente el éxito del programa se debe a su índole de ser una competencia, donde en la final hubo democracia directa. Pero también porque muchos colombianos compartían los sueños aplazados de reconocimiento o de oportunidad de unos ingresos extraordinarios, porque unos y otros no nacieron en cuna de privilegios, en el estrato conveniente ni las relaciones adecuadas.
Además subyace a estas canciones populares  una actitud colombiana de no renunciar a la búsqueda del amor, una y cuantas veces lo imponga el fracaso o los desencuentros que hacen proliferar las rupturas de relaciones. Una persistencia en amar para afirmarse ante la vida azarosa, a pesar de las violencias lacerantes que pululan y aturden desde hace más de medio siglo. Por eso en la forma de la balada –el paupérrimo lenguaje de hombres mediáticos,  como Alejandro Villalobos, la rebautizó “plancha” y al día siguiente todos repetían el término como niños sumisos– y del vallenato, hay narraciones de historias comunes. Esos cantos eran la manera asequible de la elaboración de un duelo, con la respectiva dosis etílica, cuando todavía los psicólogos y los psicoanalistas eran especímenes exóticos entre los profesionales de esta nación. Y no nos digamos cuentos, que uno se siente más cómodo en compañía de “Un beso y una flor” o de un reiterado “Te quiero, te quiero” que ante un desconocido de bata blanca al que hay que pagarle para que lo entreviste a uno y nos haga volver a una cita que no invita a soñar con nuevas emociones.
Un valor estimable debe reconocerse a la música, que siempre es capaz de unir lo que los políticos y las religiones separan. 

Última actualización el Martes, 06 de Diciembre de 2011 01:46
Escrito por Otoniel
Sábado, 03 de Diciembre de 2011 21:10

Banner


  1. Hosting Medellin Diseño web Medellin
mooCow mooCow mooCow
mooCow